
Una revisión científica publicada el 9 de abril de 2026 en Perspectives in Legal and Forensic Sciences analiza el uso del georadar forense en investigaciones que requieren observar bajo la superficie sin excavar de forma inmediata. El artículo fue escrito por Nishchal Soni y Kanika Cauhan, del Departamento de Ciencia Forense de Lovely Professional University, en India.
El trabajo revisa aplicaciones, metodologías, limitaciones y líneas futuras del ground penetrating radar, o GPR. En el contexto forense, esta tecnología se usa para detectar anomalías bajo el suelo en investigaciones de sepulturas clandestinas, búsqueda de personas desaparecidas, recuperación de evidencia enterrada y análisis de escenarios complejos.
El principio técnico es el mismo que en otros usos del georadar: el equipo transmite pulsos electromagnéticos hacia el subsuelo y registra las señales reflejadas. Las diferencias entre materiales, humedad, compactación del suelo, vacíos o elementos enterrados pueden producir respuestas visibles en los radargramas. Esas respuestas no equivalen por sí solas a una conclusión, pero ayudan a definir zonas de interés para una revisión más dirigida.
La revisión destaca que el georadar puede aportar una inspección no invasiva antes de una excavación. Esto tiene valor operativo y legal, porque permite priorizar áreas, reducir intervenciones innecesarias y preservar mejor el contexto de un sitio. En investigaciones sensibles, evitar una remoción prematura del terreno puede ser tan importante como detectar una anomalía.
El artículo también subraya que la técnica no funciona igual en todos los ambientes. Su rendimiento depende de factores como tipo de suelo, contenido de humedad, profundidad del objetivo, frecuencia de la antena y experiencia del operador. Los suelos arcillosos o muy húmedos pueden atenuar la señal y reducir la profundidad útil. En terrenos heterogéneos, raíces, piedras, cavidades naturales u objetos no relacionados con la investigación pueden generar señales difíciles de interpretar.
Por eso, los autores plantean que el georadar debe entenderse como una herramienta dentro de una estrategia más amplia. En algunos casos puede combinarse con resistividad eléctrica, LiDAR, reconstrucción 3D, registro topográfico u otros métodos geofísicos. Esa combinación permite comparar señales distintas y disminuir la probabilidad de interpretar mal una anomalía.
La revisión también menciona líneas de desarrollo que podrían mejorar el trabajo en terreno. Entre ellas aparecen sistemas multicanal, arreglos montados en drones, reconstrucciones tridimensionales y apoyo de inteligencia artificial para clasificar radargramas. Estos avances podrían reducir tiempo de levantamiento y apoyar la lectura de datos, aunque no reemplazan la necesidad de protocolos claros ni de personal entrenado.
Para el sector de la prospección no destructiva, el tema tiene una lectura más amplia. El georadar no es una solución automática, pero sí una herramienta útil cuando se aplica con método, criterio técnico y control de incertidumbre. Su valor aumenta cuando los resultados se presentan como evidencia de apoyo, no como una respuesta aislada.
El artículo concluye que las investigaciones forenses requieren criterios de despliegue basados en evidencia, capacitación estandarizada y protocolos consistentes. Esa conclusión también es aplicable a otros usos profesionales del georadar: la calidad del resultado depende tanto del equipo como del diseño del levantamiento y de la interpretación posterior.
En términos prácticos, la revisión refuerza una idea central: el levantamiento debe planificarse según la pregunta de investigación y las condiciones del sitio. Antes de usar georadar conviene definir el tamaño del área, la separación entre líneas, la frecuencia de antena, el nivel de detalle requerido y los criterios para marcar una anomalía como relevante. Esa preparación reduce lecturas apresuradas y permite documentar mejor cada decisión técnica durante el proceso de búsqueda o descarte.
Fuente: Perspectives in Legal and Forensic Sciences / SCIEPublish.